JARDÍN DE HARMONIE

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ANUESCA

LA MAESTRA

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PRIMER PREMIO DE PROSA

sábado, 20 de diciembre de 2008

EL ROMANCERO DEL 36

Las nuevas circunstancias políticas crearon en España nuevas exigencias literarias en los escritores. En los años inmediatamente anteriores a la guerra, se impone en algunos poetas la urgencia de una literatura “social”, adoptando en muchos casos, un compromiso político concreto. Un dato significativo: en 1935, Pablo Neruda, residente en Madrid, publica un “Manifiesto por una poesía impura”; es decir, inmersa en las circunstancias humanas y sociales más concretas.

Ante el estallido de la guerra civil, la mayoría de los intelectuales españoles se incorporan a la causa republicana y democrática. La Alianza de Intelectuales Antifascistas se transforma en el organismo de lucha cultural de la República en armas, de intensa actividad desde el primer momento de la sublevación militar. El fusilamiento de Federico García Lorca es considerado como el símbolo de la cultura perseguida a muerte por el fascismo. Tal entrega y fidelidad al gobierno legal sirvió para constatar que la oposición al fascismo incumbía tanto al pueblo como a la inteligencia.

El arte del intelectual desempeñaba una función iluminadora e integradora, llamada arte de agitación y propaganda.

Recién iniciada la guerra, los intelectuales están presentes en las líneas de combate, en donde improvisan boletines, periódicos y hojas volanderas. Pretendían, así, acompañar al miliciano, darle moral, informarle, incluso incitarle a escribir.

En todas la publicaciones de las diferentes unidades militares y políticas de la República incluyeron secciones dedicadas a la creación poética, bien de autores conocidos, bien, en cantidades ingentes de nombres nuevos y de gentes anónimas. Parecía como si la guerra se ganara en las imprentas, muchas de las cuales estaban en las trincheras mismas.

El Romancero del 36 surge como consecuencia de ser la poesía donde se manifiesta, potente y torrencialmente, la mejor actividad literaria de España. Los propios combatientes recitaban sus composiciones, que no firmaban, para sus compañeros; con megáfonos los hacían llegar hasta las líneas enemigas, o bien por la radio o por medio de octavillas arrojadas desde aviones en territorio rebelde.

En Madrid se llegaron a instalar por calles y plazas unas plataformas de libre uso, utilizadas, entre otras cosas, para lees poemas.

Dato curioso es que el Comisario de Cultura del Batallón de la Victoria, panadero de profesión, organizó un concurso poético entre los componentes de su unidad.
Aquella poesía anónima era totalmente popular, coplas elementales y de reminiscencias folklóricas tradicionales.

Canta miliciano canta, El dieciocho de julio
y canta todos los días, en el patio de un convento
que quiero con tus cantares, el pueblo madrileño
compartir las alegrías fundó el Quinto Regimiento.
lo mismo que los pesares.

Para escribir la coplas populares utilizaron las canciones tradicionales: Los cuatro muleros se transforma en Los cuatro generales; con hay No quien pueda se canta el hundimiento del crucero rebelde Baleares; con Si me quieres escribir , el paso
por el ejército republicano.

Dentro de este abundantísimo acervo poético destaca la aparición del nuevo Romancero. Con un lenguaje directo, poco elaborado, en muchos casos, nos expresan sus temas: los objetivos del Frente Popular, los males que obstaculizan el camino de la nueva España, los movimientos de masas, las resistencias desesperadas en los frentes, la defensa de Madrid, las grandes batallas, los problemas de la retaguardia, la crítica de los sublevados… Yodo ello expresado con claridad, audacia y popularismo, no exento de ocasionales toques de retórica. Se trata de un repertorio de ideas humanitarias, de indignación ante todo lo que amenaza la dignidad humana, un grito de esperanza en un futuro mejor y de protesta contra injusticias fundamentales. En sus versos es fácil seguir a veces frases enteras de los telegramas y partes de guerra.

Elementales muchas veces, sencillos, oscilan entre el realismo descarnado y el idealismo, entre la sátira irónica o insultante y el auténtico lirismo.

La expresión de muchos de estos romances en una manifestación individualizada de una experiencia vivida y sentida colectivamente. Los milicianos y los soldados de la cultura tenían una concepción de la poesía radicalmente distinta a la oficial e historiada en los manuales y universidades: una poesía de quienes armados de palabras y de granadas de mano, arrojaban contra el fascismo unas y otras, a pesar de su inexperiencia como escritores y como dinamiteros.

Los poetas de oficio pretendían con sus poemas, ridiculizar al enemigo y cantar las gestas del pueblo enardecido.

En los años de la contienda civil, existió una polémica en torno al arte y a la función del artista. En verano del 37, un grupo de escritores y artistas presentó una ponencia colectiva en el Congreso de Escritores Antifascistas de Valencia, donde se evidenció un arte coherente con la realidad revolucionaria: La Literatura se implicaba de este modo con la sociedad en la que nace a través de tres cauces:
1.- en la obra misma, dando testimonio de la sociedad.
2.- operando sobre el autor, quién, en cuanto ciudadano puede someterse o rebelarse.
3.- aceptando o rechazando unas u otras obras, de ahí el triunfo o el fracaso de ciertos
de ciertos géneros literarios en épocas concretas.

A la Literatura de la generación del 36 hay que darle un doble enfoque:
a - sociológico, en cuanto que está escrita por y para hombres de una sociedad
determinada, pues aunque la Historia y la Literatura son disciplinas diferentes, se
influyen mutuamente.
b - humanista, ya que pasan a primer término los sentimientos del hombre.

En la poesía del 36 se da un arte comprometido. La relación autor- lector, además de fundamentos culturales y estéticos, se establece sobre las bases de tipo ideológico. Los escritores, al rebelarse, intentan, a través de su obra, no sólo cambiar la sociedad de raíz, sino también las estructuras políticas y socioeconómicas en una actitud revolucionaria.

Esta generación ha puesto de manifiesto que la Literatura puede ser descrita como un tipo especial de comunicación. Todos los poetas que forman el grupo del 36, conocidos, menos conocidos y anónimos, se enfrentan con una realidad social concreta, un afán de denuncia y el anhelo de un mundo mejor. Tienen una responsabilidad moral y el arte debe ser útil. Son menores las preocupaciones estéticas en muchos casos. Cualquier experiencia, cualquier sentimiento, pueden convertirse en literatura si hallan un autor capaz de hacerlo.
Concepción Galindo Pedrosa


























EL ROMANCERO DEL 36

Las nuevas circunstancias políticas crearon en España nuevas exigencias literarias en los escritores. En los años inmediatamente anteriores a la guerra, se impone en algunos poetas la urgencia de una literatura “social”, adoptando en muchos casos, un compromiso político concreto. Un dato significativo: en 1935, Pablo Neruda, residente en Madrid, publica un “Manifiesto por una poesía impura”; es decir, inmersa en las circunstancias humanas y sociales más concretas.

Ante el estallido de la guerra civil, la mayoría de los intelectuales españoles se incorporan a la causa republicana y democrática. La Alianza de Intelectuales Antifascistas se transforma en el organismo de lucha cultural de la República en armas, de intensa actividad desde el primer momento de la sublevación militar. El fusilamiento de Federico García Lorca es considerado como el símbolo de la cultura perseguida a muerte por el fascismo. Tal entrega y fidelidad al gobierno legal sirvió para constatar que la oposición al fascismo incumbía tanto al pueblo como a la inteligencia.

El arte del intelectual desempeñaba una función iluminadora e integradora, llamada arte de agitación y propaganda.

Recién iniciada la guerra, los intelectuales están presentes en las líneas de combate, en donde improvisan boletines, periódicos y hojas volanderas. Pretendían, así, acompañar al miliciano, darle moral, informarle, incluso incitarle a escribir.

En todas la publicaciones de las diferentes unidades militares y políticas de la República incluyeron secciones dedicadas a la creación poética, bien de autores conocidos, bien, en cantidades ingentes de nombres nuevos y de gentes anónimas. Parecía como si la guerra se ganara en las imprentas, muchas de las cuales estaban en las trincheras mismas.

El Romancero del 36 surge como consecuencia de ser la poesía donde se manifiesta, potente y torrencialmente, la mejor actividad literaria de España. Los propios combatientes recitaban sus composiciones, que no firmaban, para sus compañeros; con megáfonos los hacían llegar hasta las líneas enemigas, o bien por la radio o por medio de octavillas arrojadas desde aviones en territorio rebelde.

En Madrid se llegaron a instalar por calles y plazas unas plataformas de libre uso, utilizadas, entre otras cosas, para lees poemas.

Dato curioso es que el Comisario de Cultura del Batallón de la Victoria, panadero de profesión, organizó un concurso poético entre los componentes de su unidad.
Aquella poesía anónima era totalmente popular, coplas elementales y de reminiscencias folklóricas tradicionales.

Canta miliciano canta, El dieciocho de julio
y canta todos los días, en el patio de un convento
que quiero con tus cantares, el pueblo madrileño
compartir las alegrías fundó el Quinto Regimiento.
lo mismo que los pesares.

Para escribir la coplas populares utilizaron las canciones tradicionales: Los cuatro muleros se transforma en Los cuatro generales; con hay No quien pueda se canta el hundimiento del crucero rebelde Baleares; con Si me quieres escribir , el paso
por el ejército republicano.

Dentro de este abundantísimo acervo poético destaca la aparición del nuevo Romancero. Con un lenguaje directo, poco elaborado, en muchos casos, nos expresan sus temas: los objetivos del Frente Popular, los males que obstaculizan el camino de la nueva España, los movimientos de masas, las resistencias desesperadas en los frentes, la defensa de Madrid, las grandes batallas, los problemas de la retaguardia, la crítica de los sublevados… Yodo ello expresado con claridad, audacia y popularismo, no exento de ocasionales toques de retórica. Se trata de un repertorio de ideas humanitarias, de indignación ante todo lo que amenaza la dignidad humana, un grito de esperanza en un futuro mejor y de protesta contra injusticias fundamentales. En sus versos es fácil seguir a veces frases enteras de los telegramas y partes de guerra.

Elementales muchas veces, sencillos, oscilan entre el realismo descarnado y el idealismo, entre la sátira irónica o insultante y el auténtico lirismo.

La expresión de muchos de estos romances en una manifestación individualizada de una experiencia vivida y sentida colectivamente. Los milicianos y los soldados de la cultura tenían una concepción de la poesía radicalmente distinta a la oficial e historiada en los manuales y universidades: una poesía de quienes armados de palabras y de granadas de mano, arrojaban contra el fascismo unas y otras, a pesar de su inexperiencia como escritores y como dinamiteros.

Los poetas de oficio pretendían con sus poemas, ridiculizar al enemigo y cantar las gestas del pueblo enardecido.

En los años de la contienda civil, existió una polémica en torno al arte y a la función del artista. En verano del 37, un grupo de escritores y artistas presentó una ponencia colectiva en el Congreso de Escritores Antifascistas de Valencia, donde se evidenció un arte coherente con la realidad revolucionaria: La Literatura se implicaba de este modo con la sociedad en la que nace a través de tres cauces:
1.- en la obra misma, dando testimonio de la sociedad.
2.- operando sobre el autor, quién, en cuanto ciudadano puede someterse o rebelarse.
3.- aceptando o rechazando unas u otras obras, de ahí el triunfo o el fracaso de ciertos
de ciertos géneros literarios en épocas concretas.

A la Literatura de la generación del 36 hay que darle un doble enfoque:
a - sociológico, en cuanto que está escrita por y para hombres de una sociedad
determinada, pues aunque la Historia y la Literatura son disciplinas diferentes, se
influyen mutuamente.
b - humanista, ya que pasan a primer término los sentimientos del hombre.

En la poesía del 36 se da un arte comprometido. La relación autor- lector, además de fundamentos culturales y estéticos, se establece sobre las bases de tipo ideológico. Los escritores, al rebelarse, intentan, a través de su obra, no sólo cambiar la sociedad de raíz, sino también las estructuras políticas y socioeconómicas en una actitud revolucionaria.

Esta generación ha puesto de manifiesto que la Literatura puede ser descrita como un tipo especial de comunicación. Todos los poetas que forman el grupo del 36, conocidos, menos conocidos y anónimos, se enfrentan con una realidad social concreta, un afán de denuncia y el anhelo de un mundo mejor. Tienen una responsabilidad moral y el arte debe ser útil. Son menores las preocupaciones estéticas en muchos casos. Cualquier experiencia, cualquier sentimiento, pueden convertirse en literatura si hallan un autor capaz de hacerlo.
Concepción Galindo Pedrosa

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