JARDÍN DE HARMONIE

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ANUESCA

LA MAESTRA

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PRIMER PREMIO DE PROSA

sábado, 20 de diciembre de 2008

Crónica del Viaje Al Parlamento

CRÓNICA DEL VIAJE AL PARLAMENTO (21 AL 28 DE OCTUBRE DE 2006)

ALICANTE – CARCASONA

Era muy temprano, aunque para mí la noche se hizo día y algunas estrellas que habían muerto volvieron a brillar. El destino estaba lejos. Llevaba el convencimiento de que debía aprovechar cada momento del viaje como si fuera el último: los buenos momentos hay que buscarlos y son efímeros

La primera parada para pernoctar era Carcasonne.
Con poco tiempo libre antes de la cena, nos dispusimos a visitar la ciudad fortaleza medieval, rodeada de doble muralla y veinticuatro torretas, y su catedral gótica. Aquí se produjo la primera emoción fuerte y el primer contacto con el idioma a practicar. Cuando apenas habíamos saboreado visualmente el rancio carácter de San Nazario, su catedral, un señor de forma imperativa, con cara de urgencia mortal, y que, por ende, se encontraba junto a un mendigo de larga barba, enjuto, cara erosionada y aspecto fantasmagórico, cerró la puerta catedralicia diciendo incesantemente:
- N´avez pas peur, n´avez pas peur
Tal vez, en algún momento anterior nos dijera algo que no oímos u omitimos. A las cuatro alumnas que nos habíamos quedado dentro, nos faltaban pies para salir, pero… ¿por dónde? El recinto estaba completamente lóbrego; ni la luz de los pocos cirios, que ardían, eran capaces de iluminar nuestras siluetas. Se oían rechinar llaves en manos inciertas, pero la oscuridad nos impedía saber dónde estaba la puerta, ni qué hacían con las llaves. Un suspiro dulce se nos escapó al comprobar que se había abierto una pequeña puerta lateral y veíamos la escasa claridad que a la tarde le quedaba.

CACASONNE – GINEBRA

Tras desayunar, y mientras colocaban las maletas en el autobús, nos encontramos a un compañero con cara lánguida y cansancio acumulado. Al preguntarle el motivo, nos dijo que su compañero se había pasado toda la noche con el motor encendido y al máximo de revoluciones. Para suavizar su irritabilidad, muchos viajeros le propusieron soluciones al problema, algunas descabelladas y jocosas, como retener al barítono nocturno en el pasillo mientras el desvelado por el canto cogía el sueño; otras, más sensatas y comprobadas experimentalmente. No sé por cual optó, pero no volvió a quejarse.
Ginebra nos saludó mostrándonos la hora con un reloj de flores que había en un parterre, junto a un canal. Emocionados, al respirar profundamente, una brisa dulce anegó nuestros pulmones. Al levantar la mirada hacia el horizonte, el geiser, elegante y esbelto, nos dio la bienvenida.
Recordamos la historia de Calvino, la división cantonal de Suiza, su hidrografía… El inconveniente en este momento era el idioma: nosotros no sabíamos alemán, y ellos no ponían mucho esfuerzo en entendernos. La situación la resolvimos satisfactoriamente: a unos y a otros nos unía un nexo importante: ellos querían vender y nosotros queríamos comprar. Los francos suizos nos salvaron.




GINEBRA – BERNA – LUCERNA

Berna nos pareció un lugar pequeño y gris, con pocos atractivos. Al ser lunes, la mayoría de las tiendas estaban cerradas. Sólo algún “cucú” se percató de nuestra presencia; al llamarnos la atención, no quedó otro remedio que traerlo de recuerdo.
A Berna se le identifica con el foso de los osos y la torre del reloj.
En la etapa hacia Lucerna, el profesor nos propuso visitar Interlaken, lugar en el que todos pensamos cuando contamos un cuento. Idílico el paisaje, todos quisimos inmortalizar el momento con innumerables fotos.
El tiempo era óptimo y la necesidad de grabar en el pentagrama de nuestra experiencia aquel arco iris de emociones iba in crescendo.

Lucerna fue uno de los lugares a los que le dimos sobresaliente. El león esculpido (herido) despertó en nosotros los sentimientos más nobles. El hotel estaba céntrico. Después de cenar, la serenidad y benevolencia de la noche nos invitaron a dar un paseo. Quedamos perplejos por la majestuosidad de los rayos plateados que, al acariciar la noche, salían desde el canal hacia nosotros. La ciudad, engalanada con coloridas flores vistosas, dormía tranquila, mecida por el lago de los Cuatro Cantones y el susurro melódico de su aguas que, huyendo de las alturas, querían descansar en el mar.
La hora de dormir había llegado. Con un pie puesto en la calle y otro en el hotel, un compañero musitó, entre risas, algo al profesor, y a nosotros nos despertó la curiosidad de ver una iglesia, próxima a donde estábamos, más de cerca. La parroquia estaba acotada por una angosta calle adosada a un muro estrecho que, con pórticos, se comunicaba a otras vías urbanas. La singularidad del recinto consistía en que la estrecha tapia estaba atestada de lápidas e inscripciones funerarias, flores frescas y cirios ardiendo. El grosor del tabique no daba la medida de un ataúd. Todos pensamos que cómo habrían sido aquellos enterramientos y cuándo, pero lo lúgubre del lugar nos hizo retroceder sobre nuestros pasos. No teníamos miedo, pero sí un poco sobrecogidos. Yo quería saber cómo se llamaba aquella iglesia para, cuando volviera, conocer por Internet, todas las incógnitas que me surgían aquella noche. Me detuve unos segundos. Mis compañeros se distanciaron unos metros. Al darme cuenta que estaba sola, llamé a mi compañera y…mientras ambas buscábamos nuestra ubicación, las campanas del lugar rompieron el silencio y con griterío alarmante sonaron. Nuestro susto fue mayúsculo.
Al día siguiente, en un barquito, el Lago de los Cuatro Cantones nos trasladó por sus aguas para deleitarnos con sus paisajes y su maraña de sierras alpinas, algunas nevadas, que abrazaban el horizonte. Paseamos por el Puente Cubierto, por el mercado de fruta verduras y flores que, a ambos lados del canal, se dibujaban vistosos. En general, la edificación de la ciudad es magnífica, testimonio de la riqueza de la vieja urbe y de su pasado histórico. Tanto la parte viaja como la nueva, resultan sumamente agradables; no sólo por sus monumentos civiles y religiosos, sino por las poderosas casas de la burguesía local, con las fachadas decoradas.








LUCERNA – CATARATAS DEL RHIN – FRIBURGO

Las Cataratas del Rhin son las mayores de Europa, situadas al norte de Suiza, junto a Alemania, a 40 Km de Zurich. Se accede a ellas a través del castillo de Laufen. La visita empieza bajando unas (muchas) escaleras junto a la cascada donde se encuentran varios miradores, pudiéndose contemplar el lugar desde su orilla izquierda. Una embarcación nos cruzó hasta la roca situada en el centro de las cataratas.
Una compañera, cansada y pocas ganas de subir escaleras, se quedó en el bajel, pensando que éste esperaría a los turista que habían bajado. No fue así. El barco continuó haciendo una nueva travesía. El susto de la colega fue considerable, acentuado al comprobar que una ola llenó de agua el interior de la barca, y su tripulante, en vez de preguntarle cómo se encontraba, se dedicó, minuciosamente, a secar y resecar su bote, ignorando a tres pasajeros que se encontraban en aquel momento dentro.


Antes de llegar a Friburgo visitamos el lago Tiere im See.



En Friburgo dormiríamos tres noches. ¡ Al fin podríamos organizar las maletas!

El día 25 de octubre, por la mañana, visitamos Friburgo, una de las ciudades más representativas de La Selva Negra Alemana. Se trata de un pequeño emporio destacado por el buen nivel de vida y sus vestigios medievales, entre los que descuellan su catedral, y, en especial, un entorno bello y húmedo que permite que numerosas calles del centro estén animadas por reguerillos permanentes de aguas frías y cristalinas.
En la catedral, de estrechas naves, destaca el gótico de forma especial en la torre, una de las más interesantes del medievo alemán, al aumentar sus filigranas a medida que va creciendo en altura. En Friburgo se afirma que esta es la torre más bella de la cristiandad, y que su catedral es la única de Alemania construida íntegramente en la Edad Media. Como vestigios de las antiguas fortificaciones de la ciudad destaca la Schwabentor, puerta de Suavia, que se yergue airosa al lado del Schnecknvorstadt, antiguo suburbio de aire popular. No lejos, y también cercana al canal, está otra puerta, Martinstor, muy cercana al entorno universitario de Friburgo.


Por la tarde, muy arreglados, nos pusimos camino de Estrasburgo para la cena que nos iba a dar el Diputado que nos había invitado a visitar el Parlamento Europeo al día siguiente, Juan Calabuch. El profesor que nos acompañaba, con deseos de compartir con nosotros aquellos lugares inolvidables, nos propuso visitar antes Colmar, ciudad en la Alta Alsacia.
Colmar, la ciudad del arte, con tesoros de la época gótica y renacentista, se representa como una hermosa ciudad cargada de bellos edificios tradicionales. Visitamos “La pequeña Venecia”, limitado barrio en el entorno de la calle Pescadería. Ésta es, sin duda, la zona más romántica de la ciudad. En todo el centro de la ciudad abundan las construcciones alsacianas de entramados de madera, artísticos balcones, torrecillas, miradores y otros elementos decorativos. El mayor arte que conserva Colmar es ese ambiente tradicional, con sus casas de entramados de madera, cuidadosamente conservadas, repletas de geranios floridos en los días más benignos.

En Estrasburgo habíamos quedado con el Sr. Calabuch en un restaurante típico, junto a la catedral. Sin tiempo para extasiarnos por la proximidad de la cita, todos quedamos embelesados ante la majestuosa fachada catedralicia. De gótico radiante, asombraba la finura de su estructura, su vigor vertical, sus airosas lancetas, su material de piedra rosa…
La cena se desarrolló, con algún retaso, como estaba prevista: sin etiqueta ni protocolo, pero con cortesía, cordialidad y decoro.

El día 26 de octubre, a las 9 horas teníamos otra cita en Estrasburgo con nuestro anfitrión. En una sala del Parlamento Europeo, nos dio una charla-coloquio informativa sobre el funcionamiento de la institución, las actividades de la Unión Europea, a los grupos de trabajo que pertenecía, etc. Después asistimos al desarrollo de la sesión plenaria desde la tribuna de invitados




El autobús nos llevó al centro histórico de la ciudad, declarado patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO.
Estrasburgo, en el valle del Rhin, fue tierra de disputa histórica entre dos grandes núcleos de poder. Simboliza el encuentro de Europa. Es una ciudad con tradición auténtica y, a la vez, dinámica, moderna y cosmopolita.
Con más tranquilidad, seguimos recreándonos en la catedral. Su torre fue la más alta del mundo, hasta que construyeron la torre de la catedral de Colonia. Su interior es sencillo pero bonito. Destacan sus vidrieras y el reloj astronómico, donde la muerte marca las horas. Lo más típico es el carillón del mediodía, con abundantes figuras.
El entorno de la catedral es de gran beldad, con magníficas y recortadas plazas y numerosas casas de aire antiguo. La casa más famosa es la Maison Kammerzell, del siglo XVI. Gran belleza tiene también la Farmacia del Ciervo, del siglo XIII. Esta es zona de tiendas de artesanía, cafés y restaurantes. Todo peatonal, con ambiente tranquilo. Ideal para pasear.

El centro histórico de Estrasburgo está en una isla rodeada por las aguas fluviales de l´Ill, que le dan al conjunto una fuerte identidad.
La zona de la Petite France, zona de pescadores y molineros, es notable porque aúna el romanticismo de sus canales con una construcción arquitectónica tradicional de gran belleza. Merece la pena disfrutar viendo las viejas casas de estructura de madera, el trajín de los barcos, ahora saturados de turistas, y escuchar el rumor del agua salvando desniveles y que, antaño, servían para ubicar molinos.
Volvimos a dormir a Friburgo con el ánimo pletórico de alegría de haber visitado tantos y preciosos lugares, aunque a algún alumno/a le hubiera gustado compartir esta emotividad con alguna persona que, por imperativos legales o morales, no pudo venir.

ESTRASBURGO – NIMES

El viernes, 27 de octubre, empezaba el regreso, pero aún nos quedaban dos días de nuevas experiencias.
Nos detuvimos en Avignon. Mucho para visitar y poco tiempo que perder, pero el profesor, una vez más, junto con el conductor, colaboró con nuestro deseo.
Avignon: capital de la cristiandad en la Edad Media, en la Provenza. Dominando la ciudad y el Ródano , el Rocher, des Doms presenta un paisaje monumental, excepcional, construído por el puente Saint-Bénezet (un puente de leyenda), las murallas, el Petit Palais, la catedral des Doms y las murallas impresionantes, flanqueadas por las torres gigantescas del Palacio de los Papas (símbolo del esplendor de la Iglesia en el occidente cristiano del siglo XIV). Este conjunto arquitectónico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Llegamos a Nimes, con el tiempo justo de cenar y echar la última parrafada del viaje.

NIMES - ALICANTE

Tristes porque terminaba esta experiencia, incitante y alegres de todo lo que habíamos conocido o vuelto a ver, retomamos la vuelta. Quedaba tiempo para cantar, decir chistes y, los más doctos, ponerle letra a un villancico. A mí, sólo me quedó tiempo de pensar en quien no me pudo acompañar y escribir, con palabras mal esbozadas, a dos compañeras con las que intimé más unas letras.


Enhorabuena por el viaje a los organizadores y, en especial, a Juan Gauchi

Concepción Galindo Pedrosa

Para Maite y Ana

La amistad es el vergel de la soledad, donde se multiplican las alegrías y se dividen las tristezas. La UP unió nuestros caminos y nos llevó a Estrasburgo. Allí escribimos, en el pentagrama de las ilusiones, arpegios dorados de una sinfonía incompleta y versos desnudos de un verbo imperfecto, envueltos en añoranza gris de primavera. Deseo que el poema musical que hemos empezado sea la estrella que, aunque no la veamos, sabemos donde está.
Octubre de 2006. Viaje al Parlamento Europeo

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