JARDÍN DE HARMONIE

JARDÍN DE HARMONIE
ANUESCA

LA MAESTRA

LA MAESTRA
PRIMER PREMIO DE PROSA

sábado, 20 de diciembre de 2008

EL ROMANCERO DEL 36

Las nuevas circunstancias políticas crearon en España nuevas exigencias literarias en los escritores. En los años inmediatamente anteriores a la guerra, se impone en algunos poetas la urgencia de una literatura “social”, adoptando en muchos casos, un compromiso político concreto. Un dato significativo: en 1935, Pablo Neruda, residente en Madrid, publica un “Manifiesto por una poesía impura”; es decir, inmersa en las circunstancias humanas y sociales más concretas.

Ante el estallido de la guerra civil, la mayoría de los intelectuales españoles se incorporan a la causa republicana y democrática. La Alianza de Intelectuales Antifascistas se transforma en el organismo de lucha cultural de la República en armas, de intensa actividad desde el primer momento de la sublevación militar. El fusilamiento de Federico García Lorca es considerado como el símbolo de la cultura perseguida a muerte por el fascismo. Tal entrega y fidelidad al gobierno legal sirvió para constatar que la oposición al fascismo incumbía tanto al pueblo como a la inteligencia.

El arte del intelectual desempeñaba una función iluminadora e integradora, llamada arte de agitación y propaganda.

Recién iniciada la guerra, los intelectuales están presentes en las líneas de combate, en donde improvisan boletines, periódicos y hojas volanderas. Pretendían, así, acompañar al miliciano, darle moral, informarle, incluso incitarle a escribir.

En todas la publicaciones de las diferentes unidades militares y políticas de la República incluyeron secciones dedicadas a la creación poética, bien de autores conocidos, bien, en cantidades ingentes de nombres nuevos y de gentes anónimas. Parecía como si la guerra se ganara en las imprentas, muchas de las cuales estaban en las trincheras mismas.

El Romancero del 36 surge como consecuencia de ser la poesía donde se manifiesta, potente y torrencialmente, la mejor actividad literaria de España. Los propios combatientes recitaban sus composiciones, que no firmaban, para sus compañeros; con megáfonos los hacían llegar hasta las líneas enemigas, o bien por la radio o por medio de octavillas arrojadas desde aviones en territorio rebelde.

En Madrid se llegaron a instalar por calles y plazas unas plataformas de libre uso, utilizadas, entre otras cosas, para lees poemas.

Dato curioso es que el Comisario de Cultura del Batallón de la Victoria, panadero de profesión, organizó un concurso poético entre los componentes de su unidad.
Aquella poesía anónima era totalmente popular, coplas elementales y de reminiscencias folklóricas tradicionales.

Canta miliciano canta, El dieciocho de julio
y canta todos los días, en el patio de un convento
que quiero con tus cantares, el pueblo madrileño
compartir las alegrías fundó el Quinto Regimiento.
lo mismo que los pesares.

Para escribir la coplas populares utilizaron las canciones tradicionales: Los cuatro muleros se transforma en Los cuatro generales; con hay No quien pueda se canta el hundimiento del crucero rebelde Baleares; con Si me quieres escribir , el paso
por el ejército republicano.

Dentro de este abundantísimo acervo poético destaca la aparición del nuevo Romancero. Con un lenguaje directo, poco elaborado, en muchos casos, nos expresan sus temas: los objetivos del Frente Popular, los males que obstaculizan el camino de la nueva España, los movimientos de masas, las resistencias desesperadas en los frentes, la defensa de Madrid, las grandes batallas, los problemas de la retaguardia, la crítica de los sublevados… Yodo ello expresado con claridad, audacia y popularismo, no exento de ocasionales toques de retórica. Se trata de un repertorio de ideas humanitarias, de indignación ante todo lo que amenaza la dignidad humana, un grito de esperanza en un futuro mejor y de protesta contra injusticias fundamentales. En sus versos es fácil seguir a veces frases enteras de los telegramas y partes de guerra.

Elementales muchas veces, sencillos, oscilan entre el realismo descarnado y el idealismo, entre la sátira irónica o insultante y el auténtico lirismo.

La expresión de muchos de estos romances en una manifestación individualizada de una experiencia vivida y sentida colectivamente. Los milicianos y los soldados de la cultura tenían una concepción de la poesía radicalmente distinta a la oficial e historiada en los manuales y universidades: una poesía de quienes armados de palabras y de granadas de mano, arrojaban contra el fascismo unas y otras, a pesar de su inexperiencia como escritores y como dinamiteros.

Los poetas de oficio pretendían con sus poemas, ridiculizar al enemigo y cantar las gestas del pueblo enardecido.

En los años de la contienda civil, existió una polémica en torno al arte y a la función del artista. En verano del 37, un grupo de escritores y artistas presentó una ponencia colectiva en el Congreso de Escritores Antifascistas de Valencia, donde se evidenció un arte coherente con la realidad revolucionaria: La Literatura se implicaba de este modo con la sociedad en la que nace a través de tres cauces:
1.- en la obra misma, dando testimonio de la sociedad.
2.- operando sobre el autor, quién, en cuanto ciudadano puede someterse o rebelarse.
3.- aceptando o rechazando unas u otras obras, de ahí el triunfo o el fracaso de ciertos
de ciertos géneros literarios en épocas concretas.

A la Literatura de la generación del 36 hay que darle un doble enfoque:
a - sociológico, en cuanto que está escrita por y para hombres de una sociedad
determinada, pues aunque la Historia y la Literatura son disciplinas diferentes, se
influyen mutuamente.
b - humanista, ya que pasan a primer término los sentimientos del hombre.

En la poesía del 36 se da un arte comprometido. La relación autor- lector, además de fundamentos culturales y estéticos, se establece sobre las bases de tipo ideológico. Los escritores, al rebelarse, intentan, a través de su obra, no sólo cambiar la sociedad de raíz, sino también las estructuras políticas y socioeconómicas en una actitud revolucionaria.

Esta generación ha puesto de manifiesto que la Literatura puede ser descrita como un tipo especial de comunicación. Todos los poetas que forman el grupo del 36, conocidos, menos conocidos y anónimos, se enfrentan con una realidad social concreta, un afán de denuncia y el anhelo de un mundo mejor. Tienen una responsabilidad moral y el arte debe ser útil. Son menores las preocupaciones estéticas en muchos casos. Cualquier experiencia, cualquier sentimiento, pueden convertirse en literatura si hallan un autor capaz de hacerlo.
Concepción Galindo Pedrosa


























EL ROMANCERO DEL 36

Las nuevas circunstancias políticas crearon en España nuevas exigencias literarias en los escritores. En los años inmediatamente anteriores a la guerra, se impone en algunos poetas la urgencia de una literatura “social”, adoptando en muchos casos, un compromiso político concreto. Un dato significativo: en 1935, Pablo Neruda, residente en Madrid, publica un “Manifiesto por una poesía impura”; es decir, inmersa en las circunstancias humanas y sociales más concretas.

Ante el estallido de la guerra civil, la mayoría de los intelectuales españoles se incorporan a la causa republicana y democrática. La Alianza de Intelectuales Antifascistas se transforma en el organismo de lucha cultural de la República en armas, de intensa actividad desde el primer momento de la sublevación militar. El fusilamiento de Federico García Lorca es considerado como el símbolo de la cultura perseguida a muerte por el fascismo. Tal entrega y fidelidad al gobierno legal sirvió para constatar que la oposición al fascismo incumbía tanto al pueblo como a la inteligencia.

El arte del intelectual desempeñaba una función iluminadora e integradora, llamada arte de agitación y propaganda.

Recién iniciada la guerra, los intelectuales están presentes en las líneas de combate, en donde improvisan boletines, periódicos y hojas volanderas. Pretendían, así, acompañar al miliciano, darle moral, informarle, incluso incitarle a escribir.

En todas la publicaciones de las diferentes unidades militares y políticas de la República incluyeron secciones dedicadas a la creación poética, bien de autores conocidos, bien, en cantidades ingentes de nombres nuevos y de gentes anónimas. Parecía como si la guerra se ganara en las imprentas, muchas de las cuales estaban en las trincheras mismas.

El Romancero del 36 surge como consecuencia de ser la poesía donde se manifiesta, potente y torrencialmente, la mejor actividad literaria de España. Los propios combatientes recitaban sus composiciones, que no firmaban, para sus compañeros; con megáfonos los hacían llegar hasta las líneas enemigas, o bien por la radio o por medio de octavillas arrojadas desde aviones en territorio rebelde.

En Madrid se llegaron a instalar por calles y plazas unas plataformas de libre uso, utilizadas, entre otras cosas, para lees poemas.

Dato curioso es que el Comisario de Cultura del Batallón de la Victoria, panadero de profesión, organizó un concurso poético entre los componentes de su unidad.
Aquella poesía anónima era totalmente popular, coplas elementales y de reminiscencias folklóricas tradicionales.

Canta miliciano canta, El dieciocho de julio
y canta todos los días, en el patio de un convento
que quiero con tus cantares, el pueblo madrileño
compartir las alegrías fundó el Quinto Regimiento.
lo mismo que los pesares.

Para escribir la coplas populares utilizaron las canciones tradicionales: Los cuatro muleros se transforma en Los cuatro generales; con hay No quien pueda se canta el hundimiento del crucero rebelde Baleares; con Si me quieres escribir , el paso
por el ejército republicano.

Dentro de este abundantísimo acervo poético destaca la aparición del nuevo Romancero. Con un lenguaje directo, poco elaborado, en muchos casos, nos expresan sus temas: los objetivos del Frente Popular, los males que obstaculizan el camino de la nueva España, los movimientos de masas, las resistencias desesperadas en los frentes, la defensa de Madrid, las grandes batallas, los problemas de la retaguardia, la crítica de los sublevados… Yodo ello expresado con claridad, audacia y popularismo, no exento de ocasionales toques de retórica. Se trata de un repertorio de ideas humanitarias, de indignación ante todo lo que amenaza la dignidad humana, un grito de esperanza en un futuro mejor y de protesta contra injusticias fundamentales. En sus versos es fácil seguir a veces frases enteras de los telegramas y partes de guerra.

Elementales muchas veces, sencillos, oscilan entre el realismo descarnado y el idealismo, entre la sátira irónica o insultante y el auténtico lirismo.

La expresión de muchos de estos romances en una manifestación individualizada de una experiencia vivida y sentida colectivamente. Los milicianos y los soldados de la cultura tenían una concepción de la poesía radicalmente distinta a la oficial e historiada en los manuales y universidades: una poesía de quienes armados de palabras y de granadas de mano, arrojaban contra el fascismo unas y otras, a pesar de su inexperiencia como escritores y como dinamiteros.

Los poetas de oficio pretendían con sus poemas, ridiculizar al enemigo y cantar las gestas del pueblo enardecido.

En los años de la contienda civil, existió una polémica en torno al arte y a la función del artista. En verano del 37, un grupo de escritores y artistas presentó una ponencia colectiva en el Congreso de Escritores Antifascistas de Valencia, donde se evidenció un arte coherente con la realidad revolucionaria: La Literatura se implicaba de este modo con la sociedad en la que nace a través de tres cauces:
1.- en la obra misma, dando testimonio de la sociedad.
2.- operando sobre el autor, quién, en cuanto ciudadano puede someterse o rebelarse.
3.- aceptando o rechazando unas u otras obras, de ahí el triunfo o el fracaso de ciertos
de ciertos géneros literarios en épocas concretas.

A la Literatura de la generación del 36 hay que darle un doble enfoque:
a - sociológico, en cuanto que está escrita por y para hombres de una sociedad
determinada, pues aunque la Historia y la Literatura son disciplinas diferentes, se
influyen mutuamente.
b - humanista, ya que pasan a primer término los sentimientos del hombre.

En la poesía del 36 se da un arte comprometido. La relación autor- lector, además de fundamentos culturales y estéticos, se establece sobre las bases de tipo ideológico. Los escritores, al rebelarse, intentan, a través de su obra, no sólo cambiar la sociedad de raíz, sino también las estructuras políticas y socioeconómicas en una actitud revolucionaria.

Esta generación ha puesto de manifiesto que la Literatura puede ser descrita como un tipo especial de comunicación. Todos los poetas que forman el grupo del 36, conocidos, menos conocidos y anónimos, se enfrentan con una realidad social concreta, un afán de denuncia y el anhelo de un mundo mejor. Tienen una responsabilidad moral y el arte debe ser útil. Son menores las preocupaciones estéticas en muchos casos. Cualquier experiencia, cualquier sentimiento, pueden convertirse en literatura si hallan un autor capaz de hacerlo.
Concepción Galindo Pedrosa

Vaivén de emociones

VAIVÉN DE EMOCIONES

El viento remueve las cenizas
de recuerdos maltrechos en el tiempo,
de zozobra, incertidumbre,
añoranza, abatimiento.

Sembró en el desierto amapolas
…….y esperanzas inciertas en su orilla,
y recogió hosquedad,
insolencia y rencillas.

Fue timón en un barco sin rumbo
navegando en mares de arcilla,
y al llegar el diluvio
naufragó sin pericia.

Tristes, los añicos del naufragio,
sosegados quedaron en la isla,
donde afloran ilusiones,
donde muere la antonimia.

Mas el sol aparece en su ventana
con vestido de fiesta cada día,
y lo incita majestuoso
con arrojo y osadía.

Tranquilo, se posa en su cama,
y lamiendo los rayos sus heridas,
en susurro acompasado,
lo estimula con caricias.

Un día, el alborozo lo embarga
y otro, lo anega en la desdicha;
es un vaivén que lo mece,
que lo indulta y martiriza.

Noviembre 2008. Encuentro N. Escritores.

En la arena

EN LA ARENA

En la arena siento
tu amor un delirio
perdido en el bosque
de mi soledad;
lenguaje de escarcha
escrito con fuego
con niebla y viento
en mi arrayán.

En la arena busco
tu mirada amable,
tus manos de seda,
tu voz armoniosa,
tus besos ardientes
y tu protección.

Mis ojos perdidos
inquieren tus huellas
mirando difusos
sirenas de mar;
y escapa la voz,
que arrulla mi pena
clamando serena
tu eco sin par.

¿Dónde está el vocablo
con que tú me nombras?
¿Con qué apelativo me vas a llamar?
En la arena pienso
que todo es un sueño
de un verso desnudo,
sin el verbo amar.

Conchi. Diciembre de 2008

La plaza

TÍTULO LA PLAZA


I

Con su bastón inseguro, pasos cortos y manos trémulas, Severiano se adentró en el Parque de los Siete Pinos. Iba con frecuencia a aquel lugar; quizá porque en ese paraje se respiraba paz, o, tal vez, porque el nombre, y ese árbol, por antonomasia, evocaba su infancia y juventud. No lo sabía, pero al entrar en aquella angosta plaza, rememoraba su pueblo; Fábricas de San Juan de Alcaraz. Pinos, de multitud de pinos había estado él rodeado hasta que a los veintiún años se fue a la mili, a Ceuta. Allí conoció a la que sería su mujer. La vida había sido muy dura con él y los tiempos muy difíciles para todos. Había tenido que soportar la guerra civil, y aunque su familia estaba en el bando de los vencedores, y la necesidad y carencias se soportaba mejor en los pueblos que en las ciudades, el hambre, el estraperlo, las cartillas de racionamiento y la miseria había llegado a todos por igual, ganadores y vencidos, todos los obreros de la fábrica habían quedado pobres. Aún recordaba que en 1936 se hizo cargo de la Compañía las fuerzas gubernamentales y la fabricación estuvo dedicada a la construcción de material bélico, y que tras la contienda, se volvió a fabricar bienes de consumo y orfebrería religiosa.
¿ Qué sería de aquella fábrica? Y ¿ Qué habría sido de él si hubiera regresado a su pueblo?

Hoy, viudo, solo y anciano, aún seguía recordando y saboreando aquel recóndito lugar. ¿ Dónde estarían sus hermanos? Cuando él salió para la mili, tenía dos: Juan y Dolores. La guerra, la falta de comunicaciones, el no saber escribir… había hecho que perdiera el contacto con su familia.

Sereno de ánimo, con la mirada perdida en el horizonte, Severiano se sentó en un banco. Le gustaba contemplar, en días estivales, la puesta de sol desde aquel punto. Era como si estuviera sentado en casa de sus padres, en El Arrecife, entre El Laminador y el Control. Desde allí vislumbraba algunos caseríos, algunos huertos y por encima de todo: pinos, montes de pinos. Pinos piñoneros, pinos con olor a paraíso, pinos que abrazaban las luces y las sombras de los días y las noches, de las alegrías y las tristezas, de la vida: de la esencia misma de la vida adusta, sencilla y tierna.

La imaginación de Severiano empezó a volar: se veía sentado en la Plaza de Luís Escudero, con el Ayuntamiento y el Colegio Nacional preparados para inaugurarlos, con olor a futuro y a esperanza. En su espejismo, veía la plaza rodeada de árboles plataneros recién plantados y en el centro una piscina con un guardián en cada esquina y engalanada con flores vistosas. Lo curioso de esta plaza era que a quien pisara las flores, un municipal, Adame, le ponía una multa. También estaba en proyecto hacer allí un mercado. Pero, él no pudo ir al colegio, trabajaba en la fábrica para apoyar la escasa economía familiar; tampoco pudo ir a comprar al mercado; era sólo un bonito proyecto de D. Luis, que aún no se había empezado.

Una y otra vez se preguntaba qué habría sido de aquella bonita plaza ¿habrían hecho pisos en ella? , ¿una urbanización?, ¿tal vez un parque? o ¿seguiría siendo una plaza?

Absorto en sus pensamientos, viajó a aquellos lejanos años, aunque para él, aún estaban presentes y frescos en su memoria ¡cuánto le gustaría regresar!

II.

Hace unos días, un amigo me invitó a visitar el Nacimiento del Río Mundo, lugar apacible que duerme mecido por los años, donde se siente con profundidad el goce íntimo y callado del calor de hogar; ese pueblo en el siempre piensas cuando cuentas un cuento.

Recorrimos lugares ancestrales, montes recostados en legendarias rocas calizas, tapizados de arjuma, romero, helechos, alábega, donde el agua brota en cuevas y laderas. Estas sierras esconden rincones de enorme belleza que, privilegiadas por la naturaleza, merecen un cuidado especial. Su música forma el pentagrama del alma del pueblo.

Cuándo el visitante llega a Riópar, su sorpresa va en aumento. Cada palmo que se adentra en esta sierra el verdor, lo abrupto de los impresionantes macizos pétreos y la abundancia de agua, lo transportan a un ignorado paraje que nada tiene que ver con el paisaje de La Mancha.

Visitamos:
- Los Chorros, tremendamente escarpados, donde el agua labró los impresionantes acantilados. En el centro de un gran cortado aparece la cueva que lleva este nombre, dando lugar a varias cascadas que se remansan en cristalinas pozas, formando lo que los lugareños denominan “Calderetas” La belleza de estos paisajes cautivaron a muchos escritores, según nos contó una señorita de Información y Turismo. Nos dijo que
“…ya en el sigo XI los describió el árabe Alzhuri; que también recogieron comentarios sobre ellos plumas tan autorizadas como la de don Alfonso XI, quien dedica un capítulo de su celebérrimo Libro de Montería, describiendo en él nueve montes de oso y la forma de cazarlos, en el término de Riópar, el primero de los cuales es precisamente Los Chorros; que una mención importante es un manuscrito anónimo del siglo XV, encontrado por el insigne duque de Almazán en el Museo Británico; que también Quevedo lo citó en un soneto; que en el siglo XVIII ya le merecía al Padre Morote la descripción de Los Chorros nueve veces más espacio que la del nacimiento del Ebro…”
- El Charco de las Truchas, cerca del nacimiento del Río Mundo. Rodeado de gran variedad de árboles de distintos tipos, se encuentra casi oculto por la vegetación: En un pequeño lago de agua nada la trucha común. Este paraje conserva casi intacto su encanto porque sólo se puede acceder a él andando. Su silencio sólo se rompe con el trino de algún pájaro o con el chapoteo de alguna trucha, saltando del agua para capturar alguna mosca.
- Fuente Grande , La Celada, Arroyofrío…
-. Nos detuvimos en Riópar Viejo, arquitectura rancia, con marcado carácter del medievo, presidida por los restos del castillo fortaleza islámico, reconstruido en época cristiana, donde en la actualidad hay un cementerio, cuyos enterramientos datan del siglo XVIII - XIX, y la iglesia del siglo XV. Otro camposanto vimos frente a la iglesia, en la plaza de la antigua villa. Su aspecto descuidado - donde las hierbas crecen, cubren lápidas y cruces, y se secan silenciosas, y donde el anonimato, la soledad y el silencio tan sólo es interrumpido por algún forastero ocioso- hizo que la curiosidad de saber la fecha de esos enterramientos, y la relación cronológica de los dos cementerios se apoderara de mí. Una foto fría y amarilla que descollaba en una lápida de un pequeño panteón familiar me sobresaltó y me transportó a mi infancia, al parque de mi ciudad.

III


Cuando yo era niño iba a jugar al Parque de los Siete Pinos con mis amigos. Allí veíamos, sentado siempre en el mismo banco, a un señor enlutado, enjuto, con el rostro erosionado por los años que, cabizbajo y meditabundo, con la mirada perdida en el horizonte, miraba al infinito. A veces nos daba caramelos y nos contaba historias de su infancia. ¡Era él! ¡ Era Severiano, el de los caramelos! Rápidamente cogí un papel y limpié para poder leer su inscripción: Severiano Bermúdez Alcaraz “El ceutí” 1930 – 2010.

Entonces comprendí su mirada: no estaba perdida, su blanco era Riópar.

Crónica del Viaje Al Parlamento

CRÓNICA DEL VIAJE AL PARLAMENTO (21 AL 28 DE OCTUBRE DE 2006)

ALICANTE – CARCASONA

Era muy temprano, aunque para mí la noche se hizo día y algunas estrellas que habían muerto volvieron a brillar. El destino estaba lejos. Llevaba el convencimiento de que debía aprovechar cada momento del viaje como si fuera el último: los buenos momentos hay que buscarlos y son efímeros

La primera parada para pernoctar era Carcasonne.
Con poco tiempo libre antes de la cena, nos dispusimos a visitar la ciudad fortaleza medieval, rodeada de doble muralla y veinticuatro torretas, y su catedral gótica. Aquí se produjo la primera emoción fuerte y el primer contacto con el idioma a practicar. Cuando apenas habíamos saboreado visualmente el rancio carácter de San Nazario, su catedral, un señor de forma imperativa, con cara de urgencia mortal, y que, por ende, se encontraba junto a un mendigo de larga barba, enjuto, cara erosionada y aspecto fantasmagórico, cerró la puerta catedralicia diciendo incesantemente:
- N´avez pas peur, n´avez pas peur
Tal vez, en algún momento anterior nos dijera algo que no oímos u omitimos. A las cuatro alumnas que nos habíamos quedado dentro, nos faltaban pies para salir, pero… ¿por dónde? El recinto estaba completamente lóbrego; ni la luz de los pocos cirios, que ardían, eran capaces de iluminar nuestras siluetas. Se oían rechinar llaves en manos inciertas, pero la oscuridad nos impedía saber dónde estaba la puerta, ni qué hacían con las llaves. Un suspiro dulce se nos escapó al comprobar que se había abierto una pequeña puerta lateral y veíamos la escasa claridad que a la tarde le quedaba.

CACASONNE – GINEBRA

Tras desayunar, y mientras colocaban las maletas en el autobús, nos encontramos a un compañero con cara lánguida y cansancio acumulado. Al preguntarle el motivo, nos dijo que su compañero se había pasado toda la noche con el motor encendido y al máximo de revoluciones. Para suavizar su irritabilidad, muchos viajeros le propusieron soluciones al problema, algunas descabelladas y jocosas, como retener al barítono nocturno en el pasillo mientras el desvelado por el canto cogía el sueño; otras, más sensatas y comprobadas experimentalmente. No sé por cual optó, pero no volvió a quejarse.
Ginebra nos saludó mostrándonos la hora con un reloj de flores que había en un parterre, junto a un canal. Emocionados, al respirar profundamente, una brisa dulce anegó nuestros pulmones. Al levantar la mirada hacia el horizonte, el geiser, elegante y esbelto, nos dio la bienvenida.
Recordamos la historia de Calvino, la división cantonal de Suiza, su hidrografía… El inconveniente en este momento era el idioma: nosotros no sabíamos alemán, y ellos no ponían mucho esfuerzo en entendernos. La situación la resolvimos satisfactoriamente: a unos y a otros nos unía un nexo importante: ellos querían vender y nosotros queríamos comprar. Los francos suizos nos salvaron.




GINEBRA – BERNA – LUCERNA

Berna nos pareció un lugar pequeño y gris, con pocos atractivos. Al ser lunes, la mayoría de las tiendas estaban cerradas. Sólo algún “cucú” se percató de nuestra presencia; al llamarnos la atención, no quedó otro remedio que traerlo de recuerdo.
A Berna se le identifica con el foso de los osos y la torre del reloj.
En la etapa hacia Lucerna, el profesor nos propuso visitar Interlaken, lugar en el que todos pensamos cuando contamos un cuento. Idílico el paisaje, todos quisimos inmortalizar el momento con innumerables fotos.
El tiempo era óptimo y la necesidad de grabar en el pentagrama de nuestra experiencia aquel arco iris de emociones iba in crescendo.

Lucerna fue uno de los lugares a los que le dimos sobresaliente. El león esculpido (herido) despertó en nosotros los sentimientos más nobles. El hotel estaba céntrico. Después de cenar, la serenidad y benevolencia de la noche nos invitaron a dar un paseo. Quedamos perplejos por la majestuosidad de los rayos plateados que, al acariciar la noche, salían desde el canal hacia nosotros. La ciudad, engalanada con coloridas flores vistosas, dormía tranquila, mecida por el lago de los Cuatro Cantones y el susurro melódico de su aguas que, huyendo de las alturas, querían descansar en el mar.
La hora de dormir había llegado. Con un pie puesto en la calle y otro en el hotel, un compañero musitó, entre risas, algo al profesor, y a nosotros nos despertó la curiosidad de ver una iglesia, próxima a donde estábamos, más de cerca. La parroquia estaba acotada por una angosta calle adosada a un muro estrecho que, con pórticos, se comunicaba a otras vías urbanas. La singularidad del recinto consistía en que la estrecha tapia estaba atestada de lápidas e inscripciones funerarias, flores frescas y cirios ardiendo. El grosor del tabique no daba la medida de un ataúd. Todos pensamos que cómo habrían sido aquellos enterramientos y cuándo, pero lo lúgubre del lugar nos hizo retroceder sobre nuestros pasos. No teníamos miedo, pero sí un poco sobrecogidos. Yo quería saber cómo se llamaba aquella iglesia para, cuando volviera, conocer por Internet, todas las incógnitas que me surgían aquella noche. Me detuve unos segundos. Mis compañeros se distanciaron unos metros. Al darme cuenta que estaba sola, llamé a mi compañera y…mientras ambas buscábamos nuestra ubicación, las campanas del lugar rompieron el silencio y con griterío alarmante sonaron. Nuestro susto fue mayúsculo.
Al día siguiente, en un barquito, el Lago de los Cuatro Cantones nos trasladó por sus aguas para deleitarnos con sus paisajes y su maraña de sierras alpinas, algunas nevadas, que abrazaban el horizonte. Paseamos por el Puente Cubierto, por el mercado de fruta verduras y flores que, a ambos lados del canal, se dibujaban vistosos. En general, la edificación de la ciudad es magnífica, testimonio de la riqueza de la vieja urbe y de su pasado histórico. Tanto la parte viaja como la nueva, resultan sumamente agradables; no sólo por sus monumentos civiles y religiosos, sino por las poderosas casas de la burguesía local, con las fachadas decoradas.








LUCERNA – CATARATAS DEL RHIN – FRIBURGO

Las Cataratas del Rhin son las mayores de Europa, situadas al norte de Suiza, junto a Alemania, a 40 Km de Zurich. Se accede a ellas a través del castillo de Laufen. La visita empieza bajando unas (muchas) escaleras junto a la cascada donde se encuentran varios miradores, pudiéndose contemplar el lugar desde su orilla izquierda. Una embarcación nos cruzó hasta la roca situada en el centro de las cataratas.
Una compañera, cansada y pocas ganas de subir escaleras, se quedó en el bajel, pensando que éste esperaría a los turista que habían bajado. No fue así. El barco continuó haciendo una nueva travesía. El susto de la colega fue considerable, acentuado al comprobar que una ola llenó de agua el interior de la barca, y su tripulante, en vez de preguntarle cómo se encontraba, se dedicó, minuciosamente, a secar y resecar su bote, ignorando a tres pasajeros que se encontraban en aquel momento dentro.


Antes de llegar a Friburgo visitamos el lago Tiere im See.



En Friburgo dormiríamos tres noches. ¡ Al fin podríamos organizar las maletas!

El día 25 de octubre, por la mañana, visitamos Friburgo, una de las ciudades más representativas de La Selva Negra Alemana. Se trata de un pequeño emporio destacado por el buen nivel de vida y sus vestigios medievales, entre los que descuellan su catedral, y, en especial, un entorno bello y húmedo que permite que numerosas calles del centro estén animadas por reguerillos permanentes de aguas frías y cristalinas.
En la catedral, de estrechas naves, destaca el gótico de forma especial en la torre, una de las más interesantes del medievo alemán, al aumentar sus filigranas a medida que va creciendo en altura. En Friburgo se afirma que esta es la torre más bella de la cristiandad, y que su catedral es la única de Alemania construida íntegramente en la Edad Media. Como vestigios de las antiguas fortificaciones de la ciudad destaca la Schwabentor, puerta de Suavia, que se yergue airosa al lado del Schnecknvorstadt, antiguo suburbio de aire popular. No lejos, y también cercana al canal, está otra puerta, Martinstor, muy cercana al entorno universitario de Friburgo.


Por la tarde, muy arreglados, nos pusimos camino de Estrasburgo para la cena que nos iba a dar el Diputado que nos había invitado a visitar el Parlamento Europeo al día siguiente, Juan Calabuch. El profesor que nos acompañaba, con deseos de compartir con nosotros aquellos lugares inolvidables, nos propuso visitar antes Colmar, ciudad en la Alta Alsacia.
Colmar, la ciudad del arte, con tesoros de la época gótica y renacentista, se representa como una hermosa ciudad cargada de bellos edificios tradicionales. Visitamos “La pequeña Venecia”, limitado barrio en el entorno de la calle Pescadería. Ésta es, sin duda, la zona más romántica de la ciudad. En todo el centro de la ciudad abundan las construcciones alsacianas de entramados de madera, artísticos balcones, torrecillas, miradores y otros elementos decorativos. El mayor arte que conserva Colmar es ese ambiente tradicional, con sus casas de entramados de madera, cuidadosamente conservadas, repletas de geranios floridos en los días más benignos.

En Estrasburgo habíamos quedado con el Sr. Calabuch en un restaurante típico, junto a la catedral. Sin tiempo para extasiarnos por la proximidad de la cita, todos quedamos embelesados ante la majestuosa fachada catedralicia. De gótico radiante, asombraba la finura de su estructura, su vigor vertical, sus airosas lancetas, su material de piedra rosa…
La cena se desarrolló, con algún retaso, como estaba prevista: sin etiqueta ni protocolo, pero con cortesía, cordialidad y decoro.

El día 26 de octubre, a las 9 horas teníamos otra cita en Estrasburgo con nuestro anfitrión. En una sala del Parlamento Europeo, nos dio una charla-coloquio informativa sobre el funcionamiento de la institución, las actividades de la Unión Europea, a los grupos de trabajo que pertenecía, etc. Después asistimos al desarrollo de la sesión plenaria desde la tribuna de invitados




El autobús nos llevó al centro histórico de la ciudad, declarado patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO.
Estrasburgo, en el valle del Rhin, fue tierra de disputa histórica entre dos grandes núcleos de poder. Simboliza el encuentro de Europa. Es una ciudad con tradición auténtica y, a la vez, dinámica, moderna y cosmopolita.
Con más tranquilidad, seguimos recreándonos en la catedral. Su torre fue la más alta del mundo, hasta que construyeron la torre de la catedral de Colonia. Su interior es sencillo pero bonito. Destacan sus vidrieras y el reloj astronómico, donde la muerte marca las horas. Lo más típico es el carillón del mediodía, con abundantes figuras.
El entorno de la catedral es de gran beldad, con magníficas y recortadas plazas y numerosas casas de aire antiguo. La casa más famosa es la Maison Kammerzell, del siglo XVI. Gran belleza tiene también la Farmacia del Ciervo, del siglo XIII. Esta es zona de tiendas de artesanía, cafés y restaurantes. Todo peatonal, con ambiente tranquilo. Ideal para pasear.

El centro histórico de Estrasburgo está en una isla rodeada por las aguas fluviales de l´Ill, que le dan al conjunto una fuerte identidad.
La zona de la Petite France, zona de pescadores y molineros, es notable porque aúna el romanticismo de sus canales con una construcción arquitectónica tradicional de gran belleza. Merece la pena disfrutar viendo las viejas casas de estructura de madera, el trajín de los barcos, ahora saturados de turistas, y escuchar el rumor del agua salvando desniveles y que, antaño, servían para ubicar molinos.
Volvimos a dormir a Friburgo con el ánimo pletórico de alegría de haber visitado tantos y preciosos lugares, aunque a algún alumno/a le hubiera gustado compartir esta emotividad con alguna persona que, por imperativos legales o morales, no pudo venir.

ESTRASBURGO – NIMES

El viernes, 27 de octubre, empezaba el regreso, pero aún nos quedaban dos días de nuevas experiencias.
Nos detuvimos en Avignon. Mucho para visitar y poco tiempo que perder, pero el profesor, una vez más, junto con el conductor, colaboró con nuestro deseo.
Avignon: capital de la cristiandad en la Edad Media, en la Provenza. Dominando la ciudad y el Ródano , el Rocher, des Doms presenta un paisaje monumental, excepcional, construído por el puente Saint-Bénezet (un puente de leyenda), las murallas, el Petit Palais, la catedral des Doms y las murallas impresionantes, flanqueadas por las torres gigantescas del Palacio de los Papas (símbolo del esplendor de la Iglesia en el occidente cristiano del siglo XIV). Este conjunto arquitectónico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Llegamos a Nimes, con el tiempo justo de cenar y echar la última parrafada del viaje.

NIMES - ALICANTE

Tristes porque terminaba esta experiencia, incitante y alegres de todo lo que habíamos conocido o vuelto a ver, retomamos la vuelta. Quedaba tiempo para cantar, decir chistes y, los más doctos, ponerle letra a un villancico. A mí, sólo me quedó tiempo de pensar en quien no me pudo acompañar y escribir, con palabras mal esbozadas, a dos compañeras con las que intimé más unas letras.


Enhorabuena por el viaje a los organizadores y, en especial, a Juan Gauchi

Concepción Galindo Pedrosa

Para Maite y Ana

La amistad es el vergel de la soledad, donde se multiplican las alegrías y se dividen las tristezas. La UP unió nuestros caminos y nos llevó a Estrasburgo. Allí escribimos, en el pentagrama de las ilusiones, arpegios dorados de una sinfonía incompleta y versos desnudos de un verbo imperfecto, envueltos en añoranza gris de primavera. Deseo que el poema musical que hemos empezado sea la estrella que, aunque no la veamos, sabemos donde está.
Octubre de 2006. Viaje al Parlamento Europeo

De antigua alquería musulmana a Biblioteca Nacional Valenciana

DE ANTIGUA ALQUERÍA A BIBLIOTECA NACIONAL VALENCIANA



Siglo XI Alqueria de Rascanya Siglo XIV Monasterio cisterciense de Sant Bernat de Rascanya Siglo XIV Monasterio Jeronimo de San Miguel de los Reyes Siglo XIX Presidio Nacional Siglo XXI Biblioteca Valenciana

La Biblioteca Valenciana fue creada el 8 de febrero de 1985, pero sus orígenes se remontar al siglo XV, como biblioteca real de Alfonso el Magnánimo y como monasterio de San Miguel de los Reye; en el siglo XIV como monasterio de San Bernat de Rascanya, y anteriomente como alquería musulmana.
San Bernat de Rascanya (1381-1546)

En 1383, el rey Pedro el Ceremonioso concedió licencia a Arnau de Saranyó, abad del monasterio cisterciense de Santa María de la Valldigna, para edificar un monasterio en el lugar que ocupaba la alquería islámica de Rascanya. Según algunas crónicas, durante la penúltima década del siglo XIV, mudéjares condenados construyeron los elementos básicos que permitieron albergar vida en comunidad.
Sant Bernat de Rascanya fue un monasterio pequeño, construido con materiales modestos y sin carácter monumental, en el que se instalaron doce monjes y un prior. Durante el siglo y medio de su existencia pasó por graves dificultades debido a problemas financieros y a la falta de control monástico. Sus restos se hallaron durante las excavaciones efectuadas en 1996.
Después, por voluntad de la reina doña Germana de Foix, viuda primero de Fernando el Católico y después del Marqués de Brandemburgo, y junto a su tercer esposo, don Fernando de Aragón, duque de Calabria y virrey de Valencia, ordenaron levantar en aquel lugar un nuevo monasterio bajo la advocación de San Miguel.





San Miguel de los Reyes (1546-1835)
La intención de doña Germana de Foix era ser enterrada, junto a su marido, en un monasterio jerónimo. El padre José de Sigüenza narra que con este propósito escogieron los Duques un lugar en las cercanías de Valencia, en el camino real de Murviedro, en el que existía un monasterio de la Orden del Císter que se encontraba en decadencia espiritual y material.
El Papa emitió una bula de traspaso de la antigua propiedad, pero en octubre de1536 murió doña Germana, siendo su cuerpo trasladado al monasterio de Nuestra Señora de Jesús de Valencia, a causa del estado ruinoso de aquel monasterio.
Con el fin de cumplir los deseos de su esposa, el duque se trasladó al monasterio jerónimo de San Bartolomé en Valladolid, donde tenía sede la corte, y pidió a los monjes que se establecieran en Valencia. Por decreto de Paulo III, a instancias del duque, se suprimía el antiguo monasterio de San Bernardo en 1544 que a partir de entonces pasaba a pertenecer a la Orden Jerónima con el nombre de San Miguel de los Reyes.
El duque trajo a Valencia a dos importantes arquitectos del momento: Alonso de Covarrubias y Juan de Vidaña. La primera piedra fue colocada en 1548 por el obispo y el duque y llevaba grabadas las armas de su fundador. El propósito del duque de Calabria era que albergara su panteón familiar. La muerte de éste acaeció en 1550 legando al monasterio su dinero, alhajas y su riquísima biblioteca. Este legado hubiera servido para la continuación de las obras, pero su palacio fue saqueado la misma noche de su muerte, además de largos pleitos.
Las obras del monasterio se continuaron veinte años después con menor disposición económica. Tomaron como modelo el patio de los evangelistas de El Escorial, que reprodujeron con mínimas variantes (lo llaman El Escorial Valenciano). Terminaron en 1644, aunque hasta mediados del siglo XVIII se hicieron numerosos añadidos en la cripta, la iglesia, los retablos, balaustrada…
La construcción del monasterio se sitúa dentro del manierismo valenciano, destacando, por su buena conservación el claustro principal y la iglesia.
En 1811 los frailes abandonaron el monasterio ante la inminente llegada de las tropas francesas, permaneciendo deshabitado hasta 1814.
En 1821 la desamortización del trienio liberal suprimió la comunidad jerónima. El edificio, según la Real Orden de 2 de julio de 1821 se habilitó como Casa de Beneficencia y Corrección. En 1823 se produjo el regreso de los frailes, que realizan algunas obras menores. En 1835 se produce la exclaustración definitiva, pasando el monasterio y sus propiedades a manos del Estado.
Tras la desamortización, las obras de arte y libros que quedaban después de haber sido objeto de saqueo en la guerra de la Independencia, fueron trasladados al Museo de Bellas Artes de Valencia y buena parte de los libros, entre los que se encuentran los procedentes de la valiosa biblioteca del Duque de Calabria, se destinaron a la Biblioteca Universitaria.
A partir de esta fecha el edificio permaneció en un estado de casi abandono y sin un uso definido. En 1843 fue vendido a un particular que tenía la intención de demolerlo. El Ayuntamiento de Valencia y la Academia de San Carlos paralizan el proceso.
En 1857 San Miguel de los Reyes se habilitó como Asilo de Mendicidad. “Sirve de madriguera a una porción de familias que se dicen de militares retirados sin mas objeto ni ocupación que explotar la riqueza del edificio arrancando puertas, ladrillos, yerros y todo aquello que no resista a su fuerza natural"(Informe sobre San Miguel de los Reyes emitido por la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos en 1845). Más tarde en cárcel de mujeres.
PRESIDIO DE SAN MIGUEL DE LOS REYES (1874 – 1996)
En 1784 el Estado decidió acondicionar San Miguel de los Reyes como Presidio Nacional de hombres, encargando el proyecto de adecuación al arquitecto Tomás Aranguren. El proyecto final consistió en la construcción de dos galerías penitenciarias de nueva planta en el patio norte, donde además se derribaron las últimas edificaciones que quedaban en pie del antiguo claustro de Sant Bernat de Rascanya. Otra galería penitenciaria se instaló en el ala oeste del claustro sur, lo que supuso la desaparición de la Capilla de los Reyes y de la sala que albergó la famosa biblioteca del duque de Calabria, entre otras reformas.
A partir de 1936 fue destinado a presos políticos condenados a muerte, inicialmente por la República y posteriormente por el régimen de Franco.
En 1962 pasó a manos del Ayuntamiento y la Diputación de Valencia, que clausuraron el presidio en 1966, año que empezó a ser utilizado como escuela y como almacén de objetos requisados por el Ayuntamiento de Valencia.
En 1980 empieza a gestarse el proyecto de recuperación del antiguo Monasterio de San Miguel de los Reyes, y en 1995 comenzó la restauración del edificio para convertirlo en la futura sede de la Biblioteca Valenciana.

BIBLIOTECA VALENCIANA

La rehabilitación y restauración de aquello que simplificadamente llamamos antiguo Monasterio de San Miguel de los Reyes pretendía desde el principio conjugar un doble objetivo: en primer lugar, el rescate para la memoria de los valencianos de uno de los episodios más brillantes y cultos de su historia; y en segundo lugar, la recuperación física de un patrimonio de altísimo valor arquitectónico para su disfrute social, destinándolo a un uso cultural que se vinculara directa o indirectamente con el origen y trayectoria del propio edificio.
.Entre 1997 y 2000 fueron realizadas las obras de rehabilitación del conjunto para su destino de sede de la Biblioteca Valenciana, integrando la representación arquitectónica de sus tres etapas más importantes: los restos arqueológicos del originario convento cisterciense, la configuración predominante del convento jerónimo y la complementación tipológica efectuada en su adaptación penal. Desde su última restauración se celebran todo tipo de actos y celebraciones. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1981. La Biblioteca Valenciana se define como el primer centro bibliográfico de esa comunidad. Tiene como misión reunir, conservar y difundir el patrimonio bibliográfico valenciano así como toda la producción impresa, sonora y visual, de y sobre la Comunidad Valenciana .Así mismo, está encargada de elaborar y difundir la información bibliográfica sobre la producción editorial valenciana y de mantener la cooperación con los servicios bibliotecarios de distintos ámbitos. También elabora el catálogo colectivo de patrimonio bibliográfico de la Comunidad Valenciana.
Técnicamente, de acuerdo con los objetivos indicados, la Biblioteca Valenciana se encuadra en el grupo de las bibliotecas nacionales.
BIBLIOGRAFÍA:
Web página oficial de la Biblioteca Nacional
Nota: Los textos aquí recogidos proceden de libros, folletos, periódicos, paginas webs y folletos turísticos en los cuales no se hace mención de titularidad alguna de derechos. Las fotos están tomadas de Internet

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